Para Marisa

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    29 Novembro, 2010  |  Categoría: Relatos e poesía  |  Autor: mos

    Conocí a Marisa (bonito nombre, por cierto) el 16 de septiembre de 2006.
    Recordadme que se lo agradezca a Bill Gates; ya que la encontré en el chat de MSN justo antes de que lo cerraran. En aquel momento ella vivía con su ahora ex novio desde hacía cinco años y la relación estaba en una fase de, podríamos llamarla, capa caída. Anímicamente, ella no estaba bien; tenía mucho stress y la tristeza y la desilusión anidaban en su corazoncito.
    Así que, comenzamos una bonita amistad virtual: charlábamos cada día por Internet de mil y un temas, pero sin llegar a intimar mucho…
    Casi dos meses después, acordamos conocernos en persona. Para entonces, ella ya había abandonado a su ex pareja y vivía en casa de su madre, la cual residía a tan sólo dos calles de mi hogar. Para que luego digan que no existe el destino. ¡Jo que no!.
    Para entonces yo ya estaba coladito por ella. Loco de amor…

    Recuerdo perfectamente la fecha de nuestro primer encuentro: sábado, 8 de noviembre.
    Cómo en la película de Keanu Reeves y Charlize Theron: Noviembre Dulce…

    Marisa, mi luna, su apodo favorito, estaba bellísima cuando nos vimos. Llevaba un traje pantalón de lino color beige con un jersey de cuello cisne en tono marrón oscuro que le sentaba como un guante y su pelo rubio, largo y liso le caía suavemente sobre los hombros. Fue una mágica visión y durante unos segundos pensé que estaba frente a una Diosa del Olimpo.
    Estuvimos juntos toda esa maravillosa tarde, paseando por las Ramblas de nuestra preciosa ciudad, Barcelona. En un puesto de flores, le compré un clavel rosa, símbolo del Amor Eterno, y al dárselo se emocionó tanto que vi brillar dos lágrimas en sus hermosos ojos verdes.
    Al anochecer, nos despedimos con un tierno beso en los labios.
    En ese ósculo, yo le entregué todo mi ser y ella también me dio un trozo de su corazón y parte de su alma.
    Cuándo llegó a su casa, me envió un mensaje sms al teléfono móvil confesándome lo que hacía un par de horas no se atrevió a decirme: que le gusté mucho y que le parecí un hombre increíble. Que era todo lo que ella buscaba en una pareja: sensible, galante, romántico, simpático y generoso; además de ser muy atractivo.
    No os negaré que esa revelación me encantó y me hizo enamorarme aún más de Marisa.

    Volvimos a vernos en persona el 24 de diciembre, Noche Buena. Yo estaba un poco nervioso, pero me armé de valor y le declaré mi amor. Así mismo, le entregué un anillo con un pequeño brillante y esta poesía que lleva su nombre:

    Mírame con tus bellos ojos, mi luna,
    Ámame con tu hermoso cuerpo: será la mayor fortuna.
    Regálame tus dulces caricias, y un gran tesoro tendré,
    I (y) si tú deseas aceptarme,
    Sin ninguna duda, yo,
    Amor siempre, te daré.
    Te Amo.
    P.D. Ella aceptó enseguida con un: Sí, quiero.
    Fin.

    NOMBRE: María del Pilar Amoedo Estévez

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