LOS SENTIMIENTOS DE LA RÍA DE VIGO

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    12 Xaneiro, 2011  |  Categoría: Relatos e poesía  |  Autor: mos

    Una nublosa mañana en las calles de Vigo, sucedieron unos terribles y amargos acontecimientos…

    Mientras en la iglesia del Cristo de la Victoria estaban las mujeres de siempre con sus cestos de mimbre, vendiendo aquellos pobres ramilletes de flores para quien quisiese regalarlos…, desde las murallas del ayuntamiento la gente divisó mucha niebla hacia las Islas Cíes. Llamaron al soldado que estaba de guardia pero fue demasiado tarde, entre las brumas ya asomábamos los terribles vikingos.

    Como bárbaros que somos, estábamos saciables de penetrar en las murallas; y, tras desembarcar, nos fuimos a la puerta de Gamboa:
    - TOC, TOC, TOC.
    Desde el interior, se oyó una voz muy grave decir:
    - ¿Quién sois?
    A lo que nosotros contestamos al unísono:
    - Somos los vikingos.
    Entonces la voz replicó de forma más agresiva:
    - ¿Y que queréis bestias malditas? Soy el soldado de guardia.
    Aun no había acabado de pronunciar estas palabras cuando el soldado notó un estruendoso golpe en la compuerta, y un grito rítmico conjunto que se repetía sin cesar:
    Destruiremos vuestra fortaleza, destruiremos vuestra fortaleza…

    Era el momento de advertir al resto del ejército. Los soldados estuvieron durante días defendiendo la ciudad del ataque de sus enemigos, y los aldeanos asustados huyeron hacia las montañas.

    Un día de madrugada, cuando estaba a punto de cantar nuestro gallo, los aldeanos bajaron con sus magníficas catapultas ansiosos de derrotarme a mí y a mis compatriotas los vikingos.

    Nos adentramos en la fortaleza, y tratamos de refugiarnos en el espacio que queda entre murallas, pero allí los aldeanos abrieron fuego contra nosotros; más tarde, nos hundieron nuestros barcos, y no nos quedó otro remedio que retirarnos.

    Bajando la mirada cogimos nuestras armas y las tuvimos que tirar al suelo, nos obligaron a rendirnos a sus pies, y nos llevaron a los calabozos.

    El pueblo se mostraba muy feliz con su victoria, y este cuento nació cuando el pueblo vigués se liberó.

    NOMBRE: Enrique José Sampedro Campos

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